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Campos Ortega
En estos tiempos de neoliberalismo y globalización se hace necesario defender la palabra como una trinchera, defenderla del escándalo y la rutina, de la miseria y de los miserables, de las ausencias transitorias y las definitivas, defender la palabra como un principio, defenderla del pasmo y las pesadillas, de los neutrales y de los neutrones, de las dulces infamias y los graves diagnósticos. Defender la palabra como una certeza, defenderla del óxido y la roña de la famosa patina del tiempo, del relente y del oportunismo de los proxenetas de la risa. Defender la palabra como un derecho, defender la de dios y del diablo, de las mayúsculas y de la muerte de los apellidos y las lástimas, del azar y también de la palabra.
Para los docentes de la Carrera de Comunicación Social del Área de la Educación, el Arte y la Comunicación de la mayor institución de educación superior, la Universidad Nacional de Loja, nos es grato presentar a la comunidad lojana, en especial a los señores padres de familia y familiares cercanos a estos jóvenes estudiantes que constituyen la sangre nueva de la comunicación, en su calidad de egresados en los estudios de la más noble función, ser profesional de la Comunicación Social.
Ante el desmoronamiento de los valores morales, del aumento de la corrupción política, de la indiferencia de muchos políticos y tecnócratas frente a su contribución para la destrucción de la naturaleza, del sensacionalismo por parte de algunos medios de comunicación a quienes poco les importa los efectos generados en el público, muchas personas exigen la ética en la política, en la economía, en los negocios, en la información.
Fraternalmente recordarnos a los neos comunicadores sociales que al tratar de la responsabilidad del periodista en la función social que desempeña, llegamos ineludiblemente al tema de la ética aplicada al periodismo. Y al referirse a ésta hay que tocar el aspecto legal, porque tanto la ética como el derecho tienen por objeto orientar la conducta profesional y el quehacer individual por la ruta firme y segura del deber de ser, sino como suma de lo perfecto, por lo menos como lo moral, lo correcto y lo ordenado por la sana razón.
Consecuentemente, el periodista tiene la responsabilidad de ser veraz en su versión informática y honesto en su expresión formal. Ello obliga a ejercer de acuerdo a postulados, cuya violación lesiona derechos ajenos, a veces en forma tan grave que rebasa la regla deontológica y tipifica el delito. Es entonces cuando se yergue la majestad de la Ley con toda la fuerza coercitiva que no tiene el Código de Ética Periodística. Es importante advertir que la responsabilidad no limita la libertad sino que la hace más razonable; le da textura y sentido al orden jurídico y al mandato moral ético. Sí a la libertad de expresión e información, pero con responsabilidad.
Considero que todos los periodistas, -estudiosos y estudiantes-, tenemos la responsabilidad moral de recuperar el prestigio de la profesión, ganar la confianza del público sobre la base de la verdad y el respeto de la información confiable y de la crítica que sirve de orientación seria y eficaz, de guía honesta para que el perceptor enrumbe su pensamiento en lugar de perderse en un laberinto confuso, enredado y oscuro de ideas y versiones. Recordar siempre que la comunicación será libre en tanto propicie espacios que permitan ampliar la democracia, lo cual se refleja al dar participación a actores diversos y al atender las diferentes demandas de estos actores. La reivindicación que busca esta comunicación es la de todos los sectores y sujetos, comprendiendo que todos tienen derechos iguales.
Para ello es necesario recordar y practicar cotidianamente el credo de Walter Williams, cuando manifiesta: “Creo en la profesión del periodismo”, “Yo creo que un pensamiento claro, una exposición clara, la exactitud y la lealtad son fundamentales al buen periodismo”, “Yo creo que un periodista deberá escribir solamente aquello que él crea sinceramente que es cierto”, “Yo creo que los anuncios, las noticias y las columnas editoriales deben igualmente servir a los mejores intereses de los lectores; que un único estándar de verdad constructiva y de claridad debe prevalecer para todo; y, que la prueba suprema del periodismo es la medida de su servicio público”. Considero que llevando a la práctica el credo de Williams, todos los días, estaríamos recordando la figura cimera del periodismo ecuatoriano, como es la de Eugenio de Santa Cruz y Espejo.
Suerte y adelante colegas periodistas el éxito es de ustedes. Con mis mejores recuerdos. Salud una vez más a ustedes jóvenes profesionales de la comunicación social. Así sea.
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