09 / 04 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

La que fuera casa de habitación de Bernardo Valdivieso, hoy Museo de la Historia y Culturas Lojanas. La que fuera casa de habitación de Bernardo Valdivieso, hoy Museo de la Historia y Culturas Lojanas.

Bernardo Valdivieso y González de las Eras

Publicado en Intercultural Escrito por  Junio 03 2016 tamaño de la fuente disminuir el tamaño de la fuente aumentar tamaño de la fuente
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Bernardo Valdivieso y González de las Eras, está considerado como uno de los hombres más ilustres de Loja de todos los tiempos. Su obra de apostolado por la educación y la cultura, sobrevive en la historia del terruño, con la plenitud abrazadora de los soles que descorren las sombras del olvido y del silencio.


Nacido en septiembre de 1744, del matrimonio conformado por don Bernardo Valdivieso y Rojas y doña María González de las Eras. Tuvo solamente dos hermanos: Martina y José, la primera fue casada con Domingo Burneo Zea, natural de Sevilla, España, y dejaron una larga descendencia; el padre jesuita José, mayor también con cinco años a Bernardo, fue desterrado a Italia en donde murió dejando escritas algunas obras de carácter religioso.
Familia
El tronco del árbol genealógico de la familia Valdivieso en Loja había sido su abuelo paterno don Pedro de Valdivieso y Muñoz de Urdiales, venido de España, quien se casó dos veces; la primera vez, con doña Antonia Fernández y Colomo, por cuya línea se perpetúa el apellido Valdivieso; y, la segunda, con doña Rosa de Rojas y Flores, abuela paterna del filántropo.
Los padres jesuitas mantuvieron en Loja colegio y escuela, entre 1727 y 1767, gracias al legado que hicieran los religiosos seculares José Fausto de la Cueva, Francisco Rodríguez y Miguel de Valdivieso y Fernández Colomo, de tal manera que en su ciudad natal recibió educación primaria y parte de la secundaria.
Luego se trasladó a Quito en donde se graduó de bachiller en el Seminario San Luis. Los estudios universitarios, que los empezó en la Universidad de San. 
 
Academia
Gregorio, los concluyó en Lima habiéndose graduado de doctor en Derecho Civil. Con el título de doctor se lo menciona en muchos documentos de su época y hasta en la partida de defunción.
Con una vasta preparación regresa a su solar nativo en donde ocupa importantes cargos: Alcalde Ordinario y Juez de Primera Instancia; Juez Subdelegado de Diezmos de Loja y Zaruma; Mayordomo del Hospital; Procurador General y Tenedor de Utensilios del Ramo de Aguardientes, y como por entonces la milicia estaba en manos de gente notable, por profesión propia de los caballeros, fue designado Capitán y Comandante de Milicias.
Finalmente, desde 1789 hasta sus últimos días, se desempeñó como Regidor Fiel Ejecutor del Cabildo.
Quehaceres
Sin descuidar la actividad que demandaban las funciones a él encomendadas, se daba tiempo para administrar y controlar el rendimiento de sus haciendas: Casanga, Hamaca, Zapotepamba, Ashiningo, Shushuhuayco, todas ellas de gran producción ganadera y agrícola, y sus dos cuadras ubicadas en las márgenes del río Malacatos de esta ciudad; poseía, además, muchos bienes muebles, entre estos, algunos muy valiosos de oro y plata.
Permaneció soltero
Por propia confesión, se sabe que permaneció soltero, pensando durante su vida en el bienestar de sus conciudadanos. En una carta escrita de su puño y letra el 26 de diciembre de 1802, le dice a su hermano José lo siguiente:
“En estos últimos tiempos había resuelto casarme con una hija de Baltazar Carrión e Ignacia Valdivieso, pero, habiendo descubierto que el tal matrimonio era con mi dinero, estoy persuadido de que es mejor morir soltero. Lo que me quede de mis bienes, los depondré en obras para el público, pues entre los parientes no hallo mérito para dárselos”.
Bernardo Valdivieso habitó en la casa que fue de su madre, situada frente a la plaza Central, en la misma que hizo algunas mejoras con el correr del tiempo. Casi a un siglo de muerto de Valdivieso, pasó a poder de la familia Eguiguren Palacio, allí funciona hoy el Museo del Banco Central. El cuarto por donde se ingresa a la tribuna del auditorio, dicen los miembros de esa familia, que se llamaba “el cuarto del Dr. Bernardo”, y que allí murió.
Se afirma, asimismo, que dejó una hija natural, doña Francia Valdivieso, quien atendió a su padre en los últimos días de su vida. Después se casó con un señor de apellido Junquero, de quien tuvo una sola hija: María Rosa Junquero y Valdivieso, dueña de la hacienda Solanda, quien fue esposa del prócer de la independencia de Loja, don Nicolás García.
Defunción
El Dr. Bernardo Valdivieso falleció el 24 de julio de 1805. Dos días antes, había otorgado su testamento legando todos sus bienes para que se eduque a la niñez y juventud de su tierra natal. El día 25 de dicho mes y año fue sepultado en la iglesia matriz de esta ciudad.
La causa de su deceso fue una afección cardiaca, ya que en la citada carta a su hermano, el padre José Valdivieso; residente en la ciudad de Rayana (Italia), le comentaba estar aparentemente sano, “pero débil y a ratos con un cansancio como si estuviera muy fatigado y que no hallaba capacidad en el pecho para respirar”.
Cuánto debe Loja a este redentor de la juventud, al “Padre de la civilización lojana”, el filántropo Bernardo Valdivieso. Su obra de amor y de razón pura, en un momento crítico para la historia de Loja y su provincia, se encuentra materializada en el primer colegio público que vio nacer el país, el 22 de octubre de 1826, luego de que el Libertador Simón Bolívar se uniera a la intención del Dr. Bernardo Valdivieso y el 19 de octubre de 1822, aprovechando de su visita a Loja, tomó los arbitrios del caso para que se ejecute el testamento del causante, instituyendo al Municipio de Loja como depositario del legado, liberándolo de las dificultades interpuestas por mezquinos intereses y dictando el primer reglamento del colegio, el mismo que ha dado a Loja, a la patria y a América, el elemento capaz de procurar el progreso y la felicidad de los pueblos.
Monumento
La estatua de bronce que, desde el 24 de mayo de 1909, se yergue en el parque Central de Loja, presenta a las generaciones la imagen de este hombre providencial que luce la aureola de la inmortalidad. (F). (Tomado del libro Loja de Antaño de Ecuador Espinosa Sigcho).

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