31 / 05 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

Numa Pompilio Maldonado Astudillo

Numa Pompilio Maldonado Astudillo

El 75 % de los ambientes terrestres y alrededor del 66% de los marinos han sido alterados significativamente por la acción humana, lo que significa una enorme pérdida de la biodiversidad terrestre. Pero a la par, también ha significado la aparición de nuevas enfermedades infecciosas, como esta terrible COVID-19, que ha contagiado ya a más de dos millones de personas y ha causado la muerte a más de 130.000, según cifras oficiales.


Desde décadas atrás, varios científicos (biólogos, ecologistas, médicos) e instituciones vinculadas a la defensa del ecosistema planetario y la salud han advertido sobre el peligro del aparecimiento de pandemias del tipo coronavirus expandido a la hora actual en los cinco continentes (efecto mariposa). Señalando, además, la causa de su aparecimiento y expansión, y algunas medidas para mitigarlas. Sobre esta importante temática deseo enfocar la presente y subsiguientes colaboraciones en este diario.


Esta entrega, esboza algunas sugerencias, no precisamente para quienes detentan el poder (a este grupo nunca le ha interesado la educación) sino para los verdaderos líderes y su creciente grupo de seguidores que, en todas partes, capaces de receptar los nuevos retos, están apareciendo: son los líderes de un mundo nuevo.


En la entrega anterior aseveramos que, según una óptica generalizada, la Educación en nuestro país, y en prácticamente la mayoría, incluyendo a los denominados “países desarrollados”, no ha logrado cumplir hasta hoy el fundamental papel que le ha asignado la historia, cual es el de constituirse en gran impulsora del verdadero desarrollo de los pueblos.


Con ser la Educación el motor del desarrollo y el fundamento filosófico de la existencia humana en íntima vinculación con toda la vida en el Planeta, y esencial componente de la Cultura de los pueblos, aún, tanto a nivel global como  local, no ha sido bien enfocada o ha sufrido lamentables distorsiones que han opacado su real función como instrumento invaluable para solucionar los graves problemas sociales, y socio-ambientales,  de cada época. En otras palabras, la Educación, con su capital importancia para la vida y sobrevivencia en la Tierra, todavía no ha evolucionado lo suficiente como para cumplir a satisfacción el gran papel de buena formadora de la especie humana.


El 14 de enero pasado tuvo lugar la nueva reapertura del Museo y Centro Cultural de Loja, con la presencia del Ministro de Cultura, autoridades locales y un numeroso público.


Eduardo Costa Maldonado

Publicado en Columnista Enero 16 2020 0

De Lalo Costa, o más familiar y respetuosamente expresado, del “doctor Lalito Costa”,  tenemos grata referencia los de mi generación, cuando en nuestros años mozos fuimos sus alumnos de Zoología en el Colegio Bernardo Valdivieso, allá por la década de los 50 del siglo pasado. Entonces, cuando la emblemática institución lojana funcionaba en su antiguo edificio y el número de estudiantes, mayoritariamente varones, se situaba en alrededor de 300.  Recuerdo que Lalo nos daba clases en un aula del tercer patio del Colegio, que tenía animales disecados y esqueletos de pequeños mamíferos y que, sin que por ese tiempo la Ecología estuviera presentada como importante ciencia con nombre propio, su autoformación en Ciencias Naturales, nos abrió los ojos hacia las Ciencias de la Tierra. De hecho, esta espontánea y feliz afición, siempre la mantuvo a lo largo de su vida: vivió y murió con ella.


 

Es empezar un nuevo ciclo de vida en forma limpia, luego de un inmediato anterior o de otros aún más alejados, tal vez sin mayores realizaciones, pero ahora si despojados de inquietudes y emociones malsanas que nos robaron la calma y muchos momentos de sosiego…; un poco más libres y con el pensamiento apto para discernir mejor. Y más aún, si a este año que se inicia, con el plus de ser vigésimo del presente siglo, nos aprestamos a recorrerlo, sin el peso del dañino rencor, más ligeros de equipaje y con tranquilidad de espíritu y mirada optimista, a pesar de los presagios de los conocidos agoreros del desastre.


 

 Luego del desarrollo del IV Festival Internacional de Artes Vivas, lo primero que se me ocurre es asentir que, a la altura de la cuarta edición, este evento está definitivamente  posicionado como el mejor en su género del país. Y esto no es poco.  Porque detrás de esta aseveración, hay muchas cosas  que aplaudir pero también algunas que criticar:


 

Es el temor, más que justificado, de muchos ecuatorianos que miramos con orgullo y optimismo el lento pero seguro despunte de varias universidades ecuatorianas en Latinoamérica y el mundo: la USFQ,  ESPOL, PUCE  y la Escuela Politécnica Nacional,  destacan entre las 100 mejores universidades de América Latina para el año 2020, según el “ranking” de Quacquarelli Symonds QS (El Comercio, 23-10-2019).


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