30 / 03 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

Lluvia fina

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”Los relatos no son inocentes, no del todo inocentes. Quizá ni siquiera lo que se habla en sueños sea del todo inocente…y siempre, los relatos o las palabras que vuelven de los oscuros ámbitos de la memoria llegan en son de guerra, cargados de agravios , y ansiosos de reinvindicación y de discordia” (Lluvia fina, L. Landero).

Este libro llegó a mis manos, luego de una búsqueda titánica. Era el último ejemplar que encontré en una librería, en un Mall de Quito, para variar. El título de esta obra sugiere muchas formas de pensar, actuar y vivir. Es una historia familiar, desde la infancia de los hijos. Las antiguas querellas van reapareciendo como una lluvia fina que amenaza con formar un poderoso cauce a punto de desbordarse (TusQuets Editors). Disfruto, cada mañana del rocío que humedece el sendero ecológico ubicado en  La Banda. La lluvia fina del amanecer lojano acentúa el perfil humano y espiritual de cada ser que visita este lugar lleno de árboles, agua y aire puro. En cada rostro puedo leer emociones, mezcladas con gestos, miradas, sudor y esfuerzo. También, en las mascotas que acompañan a sus dueños, hay ternura y fidelidad.

Expresiones de una totalidad existencial, reflejo de Dios, creador y providente. A veces, hablo en voz alta e involucro esta vivencia espiritual, muy personal, al relato del libro del Génesis: un paraíso. Un lugar para la fantasía. El relato de nuestra vida, dice Landeros, ”sobrevive en la memoria, de modo que a menudo no sabemos con seguridad si estamos recordando las frases o más bien su puesta en escenas que la acompañan, el repertorio de ademanes, manos, miradas, pausas, el secreto parloteo del silencio y del cuerpo”. Como seres humanos nos encontramos en permanente diálogo con la realidad. Actualizamos el sueño inocente de nuestro silencio:  el relato de las vivencias de cada familia, con frecuencia, es un río que tiende a desbordarse. Parece que la historia del Ecuador está escrita bajo el manto de noches oscuras.  Cae por tierra el sabio concepto de política, como el arte de gobernar. Prevalecen, con suma facilidad, los actos de corrupción, pseudo criterios del buen vivir.

La lluvia fina ya no es una amenaza. Hoy, antes bien,  es una lectura atenta de la necesidad de fortalecer valores, de formar buenas personas, con sentido de pertenencia social y productiva que construya un mundo real, haciendo efectivo el nacimiento de la civilización del amor ”que puede dar el alma a nuestro mundo globalizado, que rechaza toda forma de violencia, promueve la dignidad, y se revela más fuerte que el odio” (Papa Francisco). Gracias Luis. Siempre en el corazón. (O).

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