19 / 07 / 2018

Archivo Loja, Ecuador

Sandra Beatriz Ludeña Jiménez

Sandra Beatriz Ludeña Jiménez

Hoy como en otras ocasiones, rememoro el ejemplo de una tejedora, ella que con sus afectos y sus hilos hacía prodigios, de esos días entendí los problemas más grandes y sus resoluciones con un croché en la mano.  Mi madre fue maestra de la sencillez y sus soluciones eran efectivas, nada mejor para calmar la angustia que un tejido, nada como mover los dedos tejiendo y disipar la rabia, y para superar los miedos agradecer y tejer.


Acá dejo unas breves líneas recordando los tiempos de escuelita, cuando éramos unas chiquillas, tuve la suerte de ser alumna de Zoilita Calderón. Maestra tranquila, llena de sabiduría y comprensión.


Hace tiempo habitaba en Loja, pequeña ciudad de la sierra ecuatoriana, las calles eran de tierra y en pequeños tramos empedradas o adoquinadas, teníamos algo así como mercados, uno llamado “Central” y otro de “San Sebastián”. En la ciudad había unos pocos comercios con productos traídos de Guayaquil  y la capital y en los barrios, pequeñas tiendas de los emprendedores de ese momento. La ciudad se confundía con el campo, no era extraño ver casas rodeadas de extensas zonas de terreno delimitadas con cercos de alambre de púas, en esos predios se hacían huertos familiares, y recuerdo que, yo ayudaba a cosechar arvejas, porotos, habas, papas entre otras ilusiones de mi madre, que se juntaba con otros vecinos para compartir, tierra, semillas y trabajo.


 

Si al traer a compartir un tema me impulsan ciertas motivaciones personales, también, es preciso expresar que busco ante todo enfocar ideas que generen reflexión social, como un proceso de desarrollo que responda a las inquietudes de un país necesitado por generar un continuo de pensamiento, filosofía, investigación y que a la larga es ciencia.


La ausencia de un padre duele, no importa quién eres, qué tienes, no importa tu condición, tu filosofía de vida contraria a la mía, hiciste falta, a pesar de las amenazas de tu genio que es el mismo que el mío, a pesar del mundo entero que estuvo en nuestra contra. Nos reencontramos, pienso que no estuve en tus planes, quizá ni siquiera se te pasó por la cabeza, menos por el corazón amarme, preferiste permanecer en la invisibilidad del anonimato, a no ser, por los que pretenden mover nuestros hilos, y por esas muletillas que a veces nos ayudan a sostenernos, alguien, algo, sopló fuerte, y así sea con la intención de tumbarme, con la concurrencia de tantas circunstancias y las malas horas, decidí pronunciar tu nombre y buscarte, anular esta pose de mujer invencible.


Peregrinaciones

Publicado en Columnista Marzo 05 2018 0

Es esta una opinión diferente, puesto que la escritura permite crear una memoria perdurable, distinta al proceso fisiológico que experimentamos los seres humanos, la memoria que se perenniza con la escritura e impide olvidar. 


Empezaré por reconocer mi extrema ingenuidad y que esta opinión está llena de obviedad al respecto, es así que, sin consciencia, en el año 2009, fui a parar en un grupo político con el cual viví el discurso ideológico, campaña, y representación; con esto, la necesidad de entender la política y su articulación con la transformación social.


Huellas y voces de mujer

Publicado en Columnista Enero 02 2018 0

Hacer una sucinta reflexión sobre las huellas y voces de mujeres en Ecuador, es quizá, una necesidad ineludible para quienes deseen experimentar la vida como un continuo de comprensión sentida, sobre su identidad, su postura de género y su realización como humano; reflexión imperante para evitar que la discriminación y el abuso por género, topen a nuestros seres queridos.


Hoy, a pocos días de la muerte de Emilia, quiero trascender el sentimiento, y analizar fríamente, como lo harían los que todo lo pueden, y al final, todo es nada; quisiera preguntar a los poderosos, ¿de qué sirve tanto discurso?, si a la final nadie pudo proteger a una niña de diez años, que en su ingenuidad pensó que un tipo, un verdadero instructor de bailoterapia, alguien que ejerció una relación de poder ante ella, alguien que tenía que ayudarla, protegerla, fue quien le propició la más abominable tortura y sufrimiento.  Imagino ¿cómo sería esa desesperación?, ¡cómo clamaría auxilio!, ¡cómo pediría piedad!, ¡cómo llamaría a su madre!, en fin, ¡cómo pediría a su Dios que la ayude!, y finalmente todo resultó inoportuno.


Dimensión humana

Publicado en Columnista Diciembre 11 2017 0

Si enfrentamos tiempos complejos, días confusos en los que, por fuerza, debemos examinarnos, analizar ¿Quiénes somos?, o ¿A qué venimos a esta tierra? ¿Qué podemos dar?  Quiero decir que debemos ir más allá del bullicio que abruma, y dedicarnos a pensar en cada uno, en nuestra naturaleza, la misión que nos mueve, las convicciones producto de un carácter, del cual somos los únicos responsables.


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