21 / 09 / 2018

Archivo Loja, Ecuador

Pasión por la cultura

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La cultura es el timón de los ideales de la educación y los valores espirituales del ser humano donde se desarrolla lo intelectual, artístico y social del hombre; sus costumbres, las formas de vida de las diversas etnias que formaron una nación. Dn. Miguel de Unamuno, sostenía que “La cultura está íntimamente unimismada al pensamiento y a las letras, que la aprehende, exterioriza y le da perennidad”. Yo diría que la cultura es la más poderosa medicina para mantener sana y fuerte la salud de un pueblo.

Por ello se justifica la pasión por la cultura y trabajar por ella no es un oficio cualquiera. Es quizá la consagración de la vida a una de las más bellas, sensibles y alentadoras herramientas humanas. La cultura bien dirigida se convierte en el insumo más puro y poderoso para la emancipación del hombre. La cultura va más allá del mero convencionalismo, porque abarca lo histórico, mental, estructural, lo simbólico, lo material, lo inmaterial y lo arquitectónico, para poder reconocer lo que tenemos, protegerlo, divulgarlo y conservarlo.

Trabajar por la cultura es trabajar por la vida, “significa la práctica de la civilidad, donde lo personal y colectivo encuentran su equilibrio, donde las convivencias de las ideas permitan que lo más extraño e insólito, no solo sean respetadas sino alentadas, donde la práctica cultural haga posible que nazcan utopías y se desarrollen los sueños propios y los compartidos. Donde las diversas culturas puedan entenderse para otorgarle a la vida imaginación y hondura. Donde lo esencial le gane terreno a la banalidad” (Vicente Rojo). Para ello, el Ministerio de Cultura y la Casa de la Cultura tienen que definir políticas concretas, transparentes y concertadas; crear espacios de interacción cultural donde la gente comparta escenarios agradables para el disfrute de las artes y la recreación, porque el arte es la expresión de las sensaciones, emociones e ideas a través de recursos sonoros, plásticos y lingüísticos. Heidegger dice que el artista es el que puede “romper el silencio del ser y comunicar al mundo el sentido de su existencia”. Esto solo lo pueden hacer, no los presumidos y petulantes, sino quienes sientan pasión por el arte para poder expresar su visión sensible del mundo a través de su obra creadora. Por ello el arte es una pasión de vida, “es una locura divina”, diría Platón.

Quienes saben de difusión, interpretación y puesta en valor de los recursos culturales de una sociedad, con formación en historia del arte, lenguas modernas, corrientes filosóficas, fundamentos antropológicos, patrimonio histórico-artístico y que tienen a su haber productos culturales, son los llamados a trabajar por la cultura como la mejor forma de abrirse a la entrega entusiasta por las causas de la espiritualidad de un pueblo. Hemos de entender que un país sin cultura es un pueblo amorfo, sin identidad, sin rostro, sin raíces…(O).

 

 

 

 

 

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