26 / 05 / 2018

Archivo Loja, Ecuador

Villamagua: artista plástico

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Álex Alívar Villamagua Montesinos (Santiago-Loja, 1947), pintor lojano con medio siglo de exitosa trayectoria en el arte de plasmar con espátula imágenes, arrebatos y sueños de extraordinario valor artístico, se graduó de pintor y escultor en 1970, en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Estatal de Cuenca. De retorno a Loja, donde decidió radicarse y establecer su hogar, fundó la primera Escuela de Bellas Artes de la provincia (fue director y catedrático de la Escuela de Artes plásticas de la Universidad Nacional de Loja), e inició una fructífera trayectoria de pintor y entusiasta animador del arte pictórico en Loja.

Su extensa producción la ha exhibido en todo el país, y en varias ciudades de Latinoamérica, Europa y Asia. Sus óleos, de variada temática (paisajes, flores, colibríes, tropeles de caballos y toros azules, plazas y parques, murales como el del Terminal Terrestre de Loja, retratos…) reflejan la evolución del artista, defensor de una filosofía de libertad, “agradecimiento a la vida” y entrañable cariño a su tierra natal y provincia, reflejada en la luz y las sombras de sus hermosos lienzos azules, grises, amarillo pálido y rojo suave, entremezclados con blanco-argentino.  

En justo reconocimiento a los 50 años de la fecunda trayectoria artística de Alívar Villamagua, el Municipio de Loja y la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo de Loja, le tributaron, en estos días,  un merecido homenaje al ilustre maestro lojano, inaugurando la Exposición “Mi Libre Pensamiento”  y mediante la presentación del libro “Villamagua”,  de autoría del doctor José Carlos Arias.

Precisamente, José Carlos Arias, en su libro, hace entre otros, los siguientes comentarios:  “Las obras de Alívar son como objetos “vivientes”, con lenguajes propios en un simulacro de poseer excluyentemente la vida, al menos la de su creador, porque Villamagua no es nadie sin Gladys, sin sus hijos, sin sus plantas y sin su filosofía. […] Exhiben mundos propios, a los que siempre tenemos que entrar de puntillas, respetando la memoria del espacio y del tiempo, porque la luna, cuando se esconde, por su propio agujero respira y vive de su respiración. ¡Pobres de nosotros, humildes intérpretes, que tenemos argumentos que pasan de ser todo, a ser nada, cuando leemos el título de cada obra!… Ni se nos hubiera ocurrido. Pero ésta es la esencia del arte: decir muchas cosas a muchas personas. Nos corresponde ponernos en silencio y ser capaces de admirar […] Pero, lo más mágico es contemplar cómo pinta este maestro. Los saltos que da cuando estoquea, con una raya, a la ciudad amarilla de Loja, para marcar la vía occidental, el empaste denso de Jipiro o los violetas de una placenta que, recogida en forma de cielo, cubre las montañas de un deseo cumplido: vivir y vivir más”.

Si, estimado Alívar, que al seguir disfrutando con alegría y sana espiritualidad de tu arte y de la vida, cumplas muchos más años de quehacer artístico para regocijo propio, de los tuyos y de todos tus coterráneos. (O).

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