24 / 09 / 2018

Archivo Loja, Ecuador

Alejandro Carrión

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Alejandro Carrión (1915 - 1992), ilustre poeta, novelista y periodista lojano, 18 de noviembre de 1979, en la Asociación de Lojanos Residentes en Quito, dio un discurso con el nombre de la presente entrega. Para iniciar el 2018, transcribo un resumen de esa alocución como primicia para mis lectores.

 “Yo pienso que ser lojano es, más que nada, una especie de religión… Nosotros hemos nacido en una tierra hermosa, rica y singular, a la que el destino ha condenado a una dura existencia, cuyo signo principal ha sido el olvido, el abandono y la distancia. Patria llena de olvidos y distancias, el Ecuador dejó a Loja vivir consigo mismo y, al no extenderle su mano grande, le dijo que solamente su esfuerzo debía valerle. El lojano no se desesperó ni se refugió en el lamento estéril […]. Sin los recursos que debían producir su desarrollo, la tierra lojana fue una casa abierta, y sus hijos se lanzaron desde ella a una diáspora constante, extendiéndose por todos los rincones de la patria y aún […] por los incontables caminos del mundo… Pero […] siguieron siendo lojanos […] La constancia, el claro sentido de la realidad, el conocer sus facultades y sus limitaciones, el saber que no hay mejor recurso que el propio esfuerzo fueron las bases de su nueva casa y los elementos de su éxito...   

Tiene el ser lojano otra condición […]: el pensar siempre en Loja […], preocupado por Loja, volver a ella de vez en cuando y estar siempre en relación con los lojanos que viven en Loja […] Vivimos […]  en la mejor relación de vecindad y sabemos ser ecuatorianos útiles a la región del Ecuador donde elegimos vivir.

Loja es, como ninguna otra, una provincia compuesta por familias […]. Al decir nuestro nombre familiar nos situamos: por él se sabe de qué cantón procedemos, cual es nuestra historia […] Llevamos nuestros nombres con orgullo […]: yo soy Carrión, ah’ si, usted es de Loja. Yo soy Núñez: claro está, usted es de Puyango.  Yo soy Apolo, sí, usted es de Celica. Yo soy Román, si, desde luego, usted es de Macará. Yo soy Cueva, por supuesto, usted es de Cariamanga. Yo soy Celi, claro, usted es de Catacocha. Yo soy Ojeda, desde luego, de Gonzanamá. Yo soy Hidrobo, sí, de Saraguro.

Decía que ser lojano es ser miembro de una religión. Es así: profesamos una fe, creemos en Loja, en su porvenir.  Y es también un deber, el de trabajar por ella todos los días de la vida. Y es un honor, porque “soy lojano” es algo que se dice con orgullo. Y es la lojanidad algo que se hereda… El Ecuador ha crecido y con él […] Loja: ya no somos el último rincón del mundo, ya la nuestra no es sólo una linda tierra para nacer, sino una hermosa tierra para vivir… “.

¡Fortalezcamos nuestra hermosa Lojanidad, para gloria de nuestros ancestros y futuro promisorio para nuestros descendientes! (O).

 

 

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