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Animal político o político animal

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El filósofo griego, Aristóteles, en su tratado de Política define al hombre como zoon politikón, que literalmente significa animal político o animal cívico. Con ello se refiere al hombre, el cual se diferencia de los animales porque tiene la capacidad de relacionarse políticamente, es decir, crear sociedades y organizar la vida en esos núcleos, dado a su esencia gregaria.

De ahí que el hombre se diferencia del animal irracional porque crea sociedades y se enraíza en esos espacios humanos. Esta idea es vital en el pensamiento filosófico de Aristóteles, puesto que implica que el hombre no puede ser concebido fuera de su relación con el Estado en su condición de ciudadano. Por tanto, la dimensión social ayuda a constituir la base de la educación y la dimensión política contribuye a la extensión de esa educación. “Los que son incapaces de vivir en sociedad, o por su propia naturaleza no la necesitan, son bestias o dioses”, afirma el filósofo.

Para Aristóteles, la política es la ciencia de la gobernación de un Estado o nación, arte de negociación para conciliar intereses. El término proviene del latín politicus y este del griego politiká, derivación de polis que designa a lo público, o politikós, relativo al ordenamiento de la ciudad o los asuntos del ciudadano.

Entonces, la política sería la forma de actuación de un gobierno frente a determinados temas sociales y económicos de interés público como: la política de educación, de seguridad, de los salarios, vivienda, comunicación, del medio ambiente, etc. todo lo cual se generaliza con políticas públicas.

Entonces, todos somos animales políticos. Pero esta esencia humana se trastoca cuando de animal político se pasa a político animal. Es decir, cuando se echa al traste todo vínculo armónico con los miembros de una sociedad, a través de actitudes como: xenofobia y persecución a la clase política, delirio de grandeza, arrogarse todas las funciones del Estado, irrespeto a la naturaleza, ansia de perpetuarse en el poder, anular la libertad de expresión, despilfarro de fondos públicos, sobreprecio en las obras, mentirle al pueblo, etc. etc. Todo esto y más se llama corrupción, que la vivimos una década. Frente a esta dicotomía, caro lector, qué es lo que queremos: ¿animales políticos o políticos animales? Solo usted tiene la palabra. (O).

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