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La riqueza humana de todos los ecuatorianos

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En estos tiempos de modernidad y marketing, está en boga los concursos para encontrar los mejores hombres, padres, mujeres, madres, inversionistas, ejecutivos, instrumentistas, cantantes, tenistas, futbolistas, el “mejor ecuatoriano” en definitiva el mejor de todas las actividades humanas, seguramente para enaltecer el espíritu cívico de los ecuatorianos que nos conduzca a crecer con valores para elevar la autoestima. Pero hay una riqueza mucho más trascendente y vasta que está deja en el olvido, y necesitamos extraerla para con ella hacer un país enteramente mejor que el actual. Se trata de la riqueza humana contenida en la mentalidad de todos los ecuatorianos, escondida como el petróleo en las entrañas de la tierra, sepultada por nuestros complejos y vergüenzas centenarias.

Y quienes son todos los ecuatorianos: el hombre tropical, andino y oriental –ancestro de soles madurados en tierra virgen, factor poderoso de la nueva idea de justicia y de verdad- flagelado por los trópicos y los equinoccios, que protagonizan en estos tiempos un nuevo drama social. El cholo, montubio, campesino, chazo que se ha refugiado en la gran mentira de la ciudad y naufraga en las fauces de la selva de cemento y sus locas avenidas, para ser marginado social en demanda de pan y abrigo, teniendo como norte la esperanza y sus ansias de trabajo.

También el montubio que amarra su fatiga junto al río en el que aprendió a bregar en el más peligroso de los ríos, para esquivar los remolinos de la vida, que le acechan en bocanas, y llegar remolcando su carga hasta el mar. El hombre cuyo rostro emerge de la bruma del páramo con el duro perfil que la historia y la leyenda fabularon a través de la densa bruma. Y con su trabajo, día a día fraguan nuestro país de una manera anónima y silenciosa, como sinónimo de amor y gratitud a la tierra que les dio cal a sus huesos y luz a sus ojos.

Todos los ecuatorianos, también son los héroes anónimos caídos a lo largo de las luchas independentistas, despertando el valor de las multitudes, renovando la historia, reclamando para sí y los demás a un tiempo mismo, el imperio de la libertad, para la realización de todos los ecuatorianos, hombres, mujeres y niños. Donde el sol brille para todos y nos cobije por igual.

Declaramos que nos sentimos orgullosos de nuestros pro-hombres que forjaron nuestra historia, país, destino, dignidad y orgullo de ser ecuatorianos, para enarbolar nuestra bandera en cualquier lugar que nos encontremos, para demostrar a la faz del mundo cuán grande es ser ecuatoriano. Por esta razón debemos y tenemos que volver a vernos a nosotros mismos para redescubrir lo que tenemos de grande, para enfrentar lo que nos empequeñece.  Se trata entonces de encontrar las diferencias para comprenderlas y así descubrir lo mucho que nos identifica pese a todas las discrepancias y barreras. El amor activo por el país no es algo que brote a golpe de repetir sermones cívicos, es algo que surge con intensidad cuando se conoce y se comprende al país y su gente, cuando uno se acerca humildemente y agradecido y se mezcla con la belleza geográfica ecológica y cultural de nuestra tierra. Entonces afirmar que ser ecuatoriano es hermoso no es una frase, es un proyecto de vida colectiva, es una actitud de rebeldía creadora que nos permite defendernos del derrotismo y los imperialismos. Con el perdón de nuestros pro-hombres, usted es el mejor ecuatoriano si abona con su accionar para la grandeza de nuestro país. Así sea. (O).

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