Imprimir esta página

La Santa indignación de Gustavo Toledo

Valora este artículo
(0 votos)

El fomento de la intolerancia es muy antiguo, se pierde en la noche de la historia y tiene presencia preponderante en la formación de todos los imperios. Tan frecuente es el cultivo de la intolerancia que no he encontrado historiador alguno que lo denuncie.

La intolerancia ha tenido y tiene dimensiones monstruosas. Por eso pudo crearse y durar tantos siglos la Inquisición. Pudo inventarse el infierno y el purgatorio y aterrorizar por más de un milenio a los pueblos occidentales, se condenó a muerte a los científicos, se redactó y puso en vigencia bárbaros códigos penales, se ha practicado un recalcitrante machismo, se construyó grandes y sórdidas mazmorras para escarmentar al pueblo, se ha utilizado una variedad de métodos represivos en los sistemas educativos.

Un izquierdista medianamente formado sabe bien que los dominadores llegan a los extremos de la intolerancia con los hombres libres. Sócrates fue condenado a beber la cicuta. Espartaco y diez mil de sus hombres fueron asesinados. Jesús fue crucificado por predicar contra las ideas en las que se sostenía el esclavismo y el imperio romano. Galileo Galilei fue obligado a retractarse y a guardar prisión domiciliaria hasta su muerte. En nuestra historia tenemos los niveles criminales de la intolerancia contra Eugenio de Santa Cruz y Espejo, los próceres del 10 de agosto de 1809, el presidente Eloy Alfaro, la poetisa Marieta de Veintimilla, el periodista lojano Alejandro Carrión, etc.

Y ahí están la generación de un enfermizo anticomunismo y la receta electoral del presente, expresada por Durán Barba: hay que generar el odio al enemigo. Si a cada instante se respira intolerancia, lo raro y excepcional es encontrar líderes y movimientos políticos tolerantes con el pensamiento ajeno.

En nuestra ciudad se ha hecho costumbre desde hace varios años llamar por teléfono a las emisoras de radio para destilar odio e intolerancia en proporciones industriales.

En ese escenario el lunes anterior vibró de indignación el conciudadano Gustavo Toledo, dominado por la creencia de que va a erradicar el pensamiento socialista. Por una década viene repitiendo el discurso que tiene Jaime Nebot. Y perfectamente encajaría como candidato de CREO. Lo que aún no logra es percatarse de que no nos arredra, que al contrario sus atronadoras intervenciones nos brindan tranquilidad y confianza: estamos haciendo lo correcto. (O).

Inicia sesión para enviar comentarios