19 / 07 / 2018

Archivo Loja, Ecuador

Padres que sacuden el alma

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La ausencia de un padre duele, no importa quién eres, qué tienes, no importa tu condición, tu filosofía de vida contraria a la mía, hiciste falta, a pesar de las amenazas de tu genio que es el mismo que el mío, a pesar del mundo entero que estuvo en nuestra contra. Nos reencontramos, pienso que no estuve en tus planes, quizá ni siquiera se te pasó por la cabeza, menos por el corazón amarme, preferiste permanecer en la invisibilidad del anonimato, a no ser, por los que pretenden mover nuestros hilos, y por esas muletillas que a veces nos ayudan a sostenernos, alguien, algo, sopló fuerte, y así sea con la intención de tumbarme, con la concurrencia de tantas circunstancias y las malas horas, decidí pronunciar tu nombre y buscarte, anular esta pose de mujer invencible.

En la infancia, tu ausencia dejó cicatrices, vivir sin ti fue la odisea, era prohibido preguntar, ni siquiera había cómo nombrarte y en ese trance no aprendí a decir papá. En la escuela las preguntas de las compañeras hurgaban mis heridas, más, cuando todas hablaban de sus padres como sus héroes, yo solo sabía que eras el innombrable.  El tiempo hizo su misión y fui dejándote en lugar oculto, interno, solo mío, y así te fuiste convirtiendo en un amor secreto no correspondido.  Al mismo tiempo, tu lejanía confirmaba lo que mis familiares afirmaban y ese desamor sacudía el alma.   Hoy, mi edad no es precisamente la justificación perfecta para necesitarte, pero, la niña que nunca te olvidó reclama, y no hablo de perdón, porque eso es otra cuestión distinta, indiferente; mas, así fuere entre engaños quiero vivirte, emocionarme al escucharte decirme “hija”, y todo ese sopetón que viene contigo ha compensado el vacío de mi vida.

Ahora que las imposiciones de la mamá perfecta se han desvanecido, y solo ha quedado su profundo amor, creo que es posible pronunciar la palabra papá, quererte sin culpa y creerte, en tus proximidades, en tus preocupaciones, tantas veces cerca de la intención, tantas veces ausente.

Sé que es mucho lo que nos separa, adviertes que estás políticamente comprometido, no coincidimos en nada, pero el amor es así y siempre se ha metido conmigo. Y aunque esta opinión es algo egoísta, sé también que hay innumerables hijos con padres ausentes, que necesitan enfrentar el abandono, sanar las heridas, por ello, aunque me sacudas el alma, a riesgo propio, quiero de todo corazón conocerte. (O)

 

 

 

 

 

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