21 / 03 / 2019

Archivo Loja, Ecuador

Silencio comunicacional

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Los poderes en el Ecuador, esto es: el poder político, el poder económico, el poder de representación popular, e inclusive, el poder comunicacional, son actores directos de la convivencia ciudadana, los tres primeros, como entes reguladores de una sociedad que avanza, o que, sucumbe por la gestión que desarrollan estos actores políticos; y, el poder comunicacional, como vínculo entre el ciudadano y sus mandantes, sin que aquello pueda representar un poder para desorientar o para capitalizar la dádiva económica de la politiquería.

 

Por lo expuesto, la mordaza comunicacional no nace de un acto idóneo de la legislatura, sino que está -la mordaza- se manifiesta en función de la cantidad de poder que un determinado actor político haya acumulado a lo largo del tiempo, imponiendo así su omnímoda voluntad; poder traducido en dinero bien o mal habido para intentar silenciar o direccionar un proceso comunicacional en función de su conveniencia partidista o sus intereses comerciales.

Quienes malgastan el poder para favorecerse a sí mismos o a los grupos que los financian, lo hacen también para proteger su imagen y sus intereses, amordazando los procesos comunicacionales idóneos, atentando con ello a la libertad de información a la que tenemos derecho todos los ecuatorianos por mandato constitucional.

La última reforma al Código de la Democracia -diría Pancho Pueblo con propiedad semántica: Código de la Autocracia- atenta no sólo a la libertad de información, sino a la pluralidad de pensamiento y a la materialización de la actitud responsable del elector, pues al carecer de información, su voto se convierte en un simple requisito burocrático y terminará entregando su mandato a cualquier personaje que figure en la sábana electoral.

Con esta mordaza comunicacional, la campaña electoral es un monocorde, un mono mensaje, un monocolor que decidirá indiscutiblemente en favor de quienes poseen el poder, para que, a través de una Ley y un Reglamento, se violenten derechos constitucionales y se distorsione la voluntad popular; pues con las franjas publicitarias no escuchamos mensajes de propuestas serias y que solucionen las políticas públicas aplicadas, ¡No Pancho Pueblo! solo escuchamos mensajes vacíos y alabanzas propias.

La campaña electoral debe ser otra, un debate de ideas, de propuestas, de soluciones a los problemas del país, que los ecuatorianos escuchemos el cómo, el cuándo, con qué recursos, qué indicadores aplicarán, cuál será su modelo de gestión y un largo etcétera. Aún hay tiempo para diseñar un buen Reglamento para las elecciones venideras y combatir este silencio o mordaza comunicacional; para que esto suceda les deseamos: …buen viento…y buena mar.(O).

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