17 / 11 / 2018

Archivo Loja, Ecuador

Tejedoras, tejidos y telares

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Hoy como en otras ocasiones, rememoro el ejemplo de una tejedora, ella que con sus afectos y sus hilos hacía prodigios, de esos días entendí los problemas más grandes y sus resoluciones con un croché en la mano.  Mi madre fue maestra de la sencillez y sus soluciones eran efectivas, nada mejor para calmar la angustia que un tejido, nada como mover los dedos tejiendo y disipar la rabia, y para superar los miedos agradecer y tejer.

Como su discípula, era cotidiano colocar los brazos en posición de lucha, ella engarzaba la madeja de lana, desenredaba todo y hacía los ovillos diciendo: esto es parte de tu preparación, solo así serás paciente, guardarás silencio y mirarás diferente.

Pasé años con esa sencilla tarea, hasta que pude trabajar en los ovillos, allí descubrí el valor de la disciplina para no enredarlo todo, tales actividades me hicieron organizada y entre combinar colores y controlar emociones, diferencié el ser del parecer, pues sentí por los demás al crear cosas que den abrigo al prójimo.

Con las primeras puntadas hice cadenas, pilares, medio punto y el punto desliz, con esa tecnología, se formaban prendas de vestir.  Claro, los derechos fueron muy ilustrativos, siempre debían salir perfectos, ella pensaba que las cosas solo podían ser así de derechas, muy definidas, muy puntuales, todo bien hecho, por eso, no era amiga del punto desliz al que solo utilizaba para hacer buenas obras.

Así se hacían los vuelos de pañales de lana que tejía con tesón en sus telares para abrigar a los recién nacidos, después lo realizaba en máquinas que se alimentaban con grandes conos de lana de diferentes colores y se ensartaban en diferentes ganchos, así la filosofía de la tejedora se iba afinando al igual que su técnica, pero, jamás la esencia de su labor.

El mundo de las tejedoras funciona así, como la tierra redonda es el ovillo, hay una filosofía implícita que es circundante; quien hace un tejido, hace una obra más trascendente, hay escuela de enseñanza y los brazos que trabajan abrazan el mundo, así como los hijos para una mujer artesana no solo son extensiones sino complementos de cooperación y las tareas preparan para hacer su destino.

Desde esa óptica, no importa cuál sea el telar que se utiliza en la vida, pues la filosofía de la tejedora es disciplina, esmero, detalle, trabajo, discreción. Y los resultados: directriz matriarcal hecha obra, que no recibirá galardones, pero, encumbrará la vida de las artesanas de valores.(O).

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