19 / 12 / 2018

Archivo Loja, Ecuador

Mujer, arcilla y vida

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Las mujeres del barrio Cera perteneciente a la parroquia Taquil en Loja, han encontrado en la tierra su sentido de existencia, pues con tanta visión, descubrieron que la arcilla tratada con devoción es generosa.  Contrariamente a lo que dice el enunciado “tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe”, en Cera el cántaro no se ha roto y la tradición de hacer ollas de barro sigue. Con verdadera vocación alfarera, he visto cómo las mujeres cargan la arcilla desde el yacimiento ubicado en el barrio Cera hasta la planta, luego empieza el proceso, selección de material, tamizado de la arena, composición del barro que es el resultado de la mezcla de arcilla y agua, al que se amasa con esa certidumbre de hacer cosas grandes.

Un cuenco, un cántaro, una olla, un plato, son piezas que han acompañado a la humanidad desde tiempos inmemoriales y antes que nos sorprenda la modernidad, el único material reinante era el barro, del mismo que utilizó el creador para hacer al hombre, ahora la mujer, toma el mismo barro, para configurar la casa y el hijo en su vientre, para hacer sus sueños posibles. Un cántaro que antes sirvió para acarrear agua, hoy sirve para purificarla, una vasija que antes fue herramienta de cocción de alimentos para la tribu, hoy es motivo de trabajo, de sustento de muchas familias.  Las manos que amasan y forman la vasija alrededor del torno, llevan la energía creadora y el espíritu de lucha, hacer esa base circular, darle la altura pertinente, y esa forma abombada es parte del arte que se emplea en este oficio, se le agrega dos asas y una tapa, así las famosas ollas de barro son creadas, luego van al horno por el cual, el barro se convierte en resistente.

De la misma manera que las vasijas, es el sentido de ser aquí en la tierra. Nuestro barro solo al ser sometido a grandes pruebas, se endurece y es capaz de soportar los embates del destino. Así, la filosofía alfarera es parte de la esencia de vivir, venimos a sufrir cambios a experimentar, cuanto más sea la presión del cambio, mayor será la resistencia, mejor la calidad como ser humano.  La mujer de Cera lo sabe, de sus manos se amoldan grandes obras, de su vientre salen grandes historias. Luego del proceso, tanto vasijas como humanos van por la vida, mostrando su sentido de existencia: las vasijas coloreando su fundición, los humanos experimentando su transformación.  Y así van girando, como la tierra es alrededor del sol; y el mundo se desenvuelve entre mujer, arcilla y vida.(O).

 

 

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