26 / 03 / 2019

Archivo Loja, Ecuador

La “Churonita”

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La llegada de la Sagrada Imagen de la Virgen del Cisne a nuestra ciudad, es evidentemente una alegría completa para todos los lojanos y, claro, también para los miles de visitantes que nos acompañan. La algarabía es para todos igual, incluso entre quienes no son tan apegados a las costumbres católicas, pues para nadie puede pasar desapercibida esta época.

La imagen, obra del escultor Diego de Robles de origen español y cuyo trabajo es parte de la escuela quiteña, data de entre 1594 al 1596, siendo encargada por un grupo de indígenas de la localidad de El Cisne, en agradecimiento y por promesa a la Virgen María. Se dice que el artista realizó una replica de la Virgen del Quinche, obra que había realizado hacia 1589 aproximadamente, cuyas facciones están inspiradas a la vez en la Virgen de Guadalupe.

Desde entonces la fe fue creciendo, alimentada por los milagros que con el pasar del tiempo se le fueron atribuyendo, llegando a ser una de las advocaciones marianas más veneradas de Latinoamérica, tanto así que incluso el mismo Simón Bolívar llego a ser quien intercedió para que, mediante Decreto de 1826, estableciera el peregrinaje de la imagen a la ciudad de Loja y en su honor la celebración de una feria anual.

El creciente culto, las romerías, movimientos y demás se constituyen un factor de riesgo para cualquier obra de arte religioso de tipo escultórico, es así que la escultura original de la “Churonita” ha pasado por múltiples factores de riesgo a lo largo de su historia siendo uno de los más importantes un incendio ocurrido en la iglesia de San Sebastián en 1953, percance en el que resultó gravemente afectada por lo que se construyó una réplica exacta para precautelarla y se restauró la original, sin embargo esta no fue la primera intervención a la imagen siendo la primera en 1837 y la más reciente en 2012, de las dos primeras intervenciones son presumibles ligeros cambios en el rostro de la virgencita, algo que podría corroborarse al compararla con el óleo de 1917 y en que se aprecia mucho más el parecido con la Virgen del Quinche.

Sin embargo, fuera de estos datos históricos y físicos, la adoración a la Virgen del Cisne acarrea algo más profundo, una espiritualidad muchas veces inexplicable; verla pasar en romería tan cerca de uno provoca un regocijo, una alegría, una impresión que difícilmente se puede olvidar, sin importar las circunstancias. Por ello es importante conocer esta historia, nuestra historia, sin nunca perder la fe y sintiéndonos siempre hijos de la “Churonita”.(O).

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