19 / 09 / 2018

Archivo Loja, Ecuador

Perennizarse en el arte

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Parece obvia la relación directa entre el talento de un artista plástico y su éxito en el extraño mundo de hacer arte, por ende, a más talento más éxito. Cualquiera daría por cierta esta premisa. En contexto, fácilmente podemos comprobar que no. La realidad se acerca mucho más a la relación dinero-éxito que rige a la sociedad actual y de la cual ni siquiera los artistas, por autodefinición libres, se salvan.

Para todos está claro, aunque algunos lo renieguen, que los artistas debemos vender obra para poder vivir, ello a veces conlleva el hacer obra de la llamada “comercial”, o en palabra de algunos críticos y conocedores del arte: obras vacías. Sin embargo, el mundo artístico es tan extraño que de un momento a otro lo único se convierte en comercial y también lo comercial en único. Un círculo vicioso que a veces es capaz de dejar sin argumentos a más de uno. Algo parecido ha ocurrido con las propuestas “nuevas”, tan nuevas que muchas veces guardan una semejanza increíble con el arte antes del arte: los grabados, pinturas, intentos prehistóricos. A estas alturas del partido mucho de lo artísticamente “correcto” depende de personas que se han dado la atribución de juzgarlo. 

Lo cierto es que no existe una fórmula para hacer una obra de arte, cada artista tiene su propia forma de ver el mundo, es por ello que resulta tan difícil realizar una crítica de arte, ese tema quedará para otra oportunidad. Ahora, regresando a perennizarse en el arte, no puedo dejar de lado una opción muy interesante: autogestionarse el reconocimiento. ¿A qué me refiero con esto? A casos reales de artistas cuya fama la construyeron como hábiles políticos o empresarios. Dalí por ejemplo construyó su propio personaje icónico, extravagante, que vendía. Andy Warhol, misma historia, galerías que buscaban vender, un artista que empezó a hacer obras en serie por montones y que por montones las vendía (sigue vendiendo después de muerto) y a precios exorbitantes. Miró, con su propia fundación. El caso ecuatoriano está bien representado por Guayasamín, también con su propia fundación y claro está, una gran influencia política que le permitió realizar mucha de su obra, contando entre ellas su famoso mural dentro de la Asamblea Nacional. Hasta cierto punto la historia se ha escrito a la fuerza.

Aclaro que con esto no quiero decir que no tuvieran talento, lo tenían, pero resulta de sumo interés conocer que de por medio tuvieron pequeñas palancas que ayudaron a su éxito por encima de otros pintores que no corrieron con igual suerte y que pueden haber sido incluso mejores. Por ello debemos democratizar el arte, disolver las elites culturales, buscar que llegue a todos, y todos tengan la oportunidad de triunfar en esta actividad innata del ser humano, tan necesaria siempre. (O).

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