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La lacerante realidad de Latinoamérica que revelan los venezolanos

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A los cancilleres que se reunieron en Quito el lunes 3 de septiembre debería darles tal vergüenza que la sangre les debería brotar  sobre la piel del rostro, porque sin tapujos reconocieron que en los países latinoamericanos que están recibiendo el flujo del éxodo venezolano existen lacras sociales abominables.

 Los cancilleres reconocieron que por acá hay sociedades en las que se da una extensa trata de personas y de blancas, que los gobiernos existentes no tienen capacidad de controlar, por lo que los venezolanos que llegan sufren de total indefensión. Lo manifestado por los cancilleres es diariamente corroborado por las informaciones de los casos que se van descubriendo, que, seguramente son un pequeño porcentaje de los que ocurren en la realidad.

Los cancilleres reconocieron que representan a sociedades en las cuales los derechos humanos y las leyes valen un comino, porque los empleadores pueden hacer lo que les da la gana y explotan sin piedad a los venezolanos, haciéndolos trabajar doce horas diarias por un salario miserable, que en muchos casos ni siquiera les pagan. ¡Qué afrentosa acusación contra los empresarios!

Los cancilleres reconocieron que son autoridades en sociedades en las cuales hace gala la xenofobia, sociedades con integrantes de pésima educación, sin líderes capaces de orientar correctamente las conductas de los habitantes de estos países frente a la presencia de extranjeros. Con “líderes”, que en lugar de orientar, echan su granito de arena a la fiebre xenófoba, disponiendo que se exija pasaporte a ciertos inmigrantes.

Los cancilleres confesaron que los gobiernos de Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Argentina, Brasil no son capaces de organizar la llegada de los extranjeros, los cuales en estas sociedades caóticas quedan expuestos al hambre, la intemperie, la desocupación, por lo que su situación merece el calificativo de “crisis humanitaria”.

 Tantos cancilleres reunidos que no pudieron bosquejar una forma de por lo menos paliar los padecimientos de los pobres que han llegado a constatar las terribles lacras que el capitalismo produce en estos países. (O).

 

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