18 / 09 / 2019

Archivo Loja, Ecuador

Canasta, carrizo y convivencia

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La canasta de carrizo es un objeto de utilidad doméstica que ha acompañado a la familia desde tiempos remotos, el carrizo es un material resistente, hecho para soportar los embates del destino.  Traigo a reflexión este tema, dado que este utensilio tiene especial trascendencia en la familia, una canasta que por años fue cargada por el ama de casa, mientras que el jefe de hogar sustentaba económica y simbólicamente su contenido (alimentos), ahora, se va perdiendo, como se pierde la idea de lo que es normal, ordinario, extraordinario, prudente y quizá imprudente en la convivencia.

En principio, la canasta era elaborada por las mismas mujeres, tomando el carrizo desde la planta, luego cortándolo en tirillas y con este material tejiéndola. Una mujer que sabía del hogar, hacía su canasta de carrizo acorde a las necesidades, en eso no se metía el hombre, “son cosas de mujer decía y ella se encarga” sin ánimo de discriminar. Sin embargo, hoy la mujer no hace canastas, ya no se queda a criar los hijos, no existe el ama de casa exclusiva, no es necesario el carrizo ni la canasta.   

Los tiempos han cambiado, con la igualdad o desigualdad de género, lo que se piensa “justo” puede tornarse injusto, y me explico un poco, si antes símbolos como canasta, carrizo y convivencia estaban bien claros, hoy las cosas convergen, en muchos hogares y familias, se han intercambiado los roles, quien hace de canasta, cuida de los hijos y hace las cosas domésticas es el hombre, quien actúa como carrizo, es decir, soporta el peso económico, dando sustento al hogar, es la mujer.

En la mayoría de los casos, hombre y mujer salen a trabajar, en ocasiones los hijos se crían solos, al cuidado del hermano o hermana mayor, o de terceros; ahora es obligación que hombre y mujer aporten económicamente para sustentar la canasta, por lo tanto, ya no hay una ama de casa dedicada exclusivamente a planificar el hogar, cuidar los hijos, inculcar valores y apoyar en la educación. Las funciones de la mujer ya no son solamente las de llevar la empresa del hogar, pero, esto tampoco es normal, es decir, pasó de lo ordinario a lo extraordinario y creo pertinente analizar hasta qué punto es prudente.

Hace tiempo, en un reemplazo de maestra de escuelita, encontré un niño muy triste en la clase. Le pregunté ¿por qué estás triste? me dijo: porque extraño a mi mamá.  Y qué pasó con tu mamita, le dije,  el niño respondió: “se va al trabajo y en la noche llega cuando yo me duermo y no la veo.  Estas son  realidades que hacen sufrir a la sociedad, así como la canasta, el carrizo, hay formas de convivencia, que se están perdiendo.(O).

 

  

 

 

 

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