30 / 05 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

Vicisitudes

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“El deseo de ser feliz, nace con todos los hombres, es común a todas las condiciones y pueblos; pero aunque nacen con esa pinta invencible de aspirar a la felicidad, no nacen todos los hombres con el exacto discernimiento que hace escoger los verdaderos medios de conseguirla. Las tinieblas de la ignorancia, los encantos de las pasiones, la fuerza de las preocupaciones la ciega y separan de ella... El único origen de una felicidad duradera es la estimación, la solicitud y la práctica de las virtudes… Grande e ilustre será el hombre que junte los talentos superiores a una virtud eminente; y luego que la grandeza de las virtudes se encuentre con la de los talentos, esta bella unión le producirá una felicidad inalterable que le llene el corazón”… (J. J. Ascázubi. Prosistas de la Colonia).

Pero la felicidad  no está por doquier, se refugia en ciertos actos nobles y específicos; la alcanzas  cuando al inicio de la vida, amado y protegido, recibes el néctar blanquecino del pecho de tu madre; después amasas una carrera y ya eres hombre con un título para defenderte en la vida y servir a la sociedad; en la adolescencia corres tras el amor y cazas pareja, una esposa, amiga y amante; por último la familia, los herederos de tus genes, en el eslabón misterioso de la herencia.

La felicidad también te llega al abandonar tu trabajo por el aliciente legal de la jubilación, te da la oportunidad de la convivencia intrafamiliar, ser parte de un acercamiento, proscribiendo los pretextos de “no tengo tiempo”, cuando se trata de ir a la escuela, al colegio y la universidad para saber cómo marchan los estudios de los chúcaros intelectuales; hacer las compras al mercado, a las librerías a las boutiques, etc.

Pero como no todo es alegría, se presentan los efectos secundarios más o menos frecuentes de la jubilación: las negativas: estrés asociado al cambio de hábitos y a la reducción de ingresos económicos, cierta tristeza acompañada de apatía asociada a la melancolía de lo que queda atrás y que en algunos casos puede ser similar a la sintomatología depresiva (soledad, reducción de la autoestima…), sensación de pérdida de valía personal, cambios (generalmente reducción) de las relaciones sociales, desgana producida por el aburrimiento. A estos cambios, en algunos casos se le unen los problemas de salud física lo que hace que, junto a la dificultad para disfrutar de tareas fuera del trabajo, la persona jubilada sienta que no tiene control de su propia vida ni del mundo que le rodea.

Por eso remediar ese estado de soledad es el fuerte en esos momentos. Que importante haber abarcado un hobby como la lectura, la música,  la artesanía, el ejercicio físico, las terapias salutíferas, etc.(O).

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