07 / 12 / 2019

Archivo Loja, Ecuador

Brumas sobre el abismo

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"Las angustia del hombre en su vida, se posiciona en la pobreza, los odios raciales, los quebrantos por despotismos, la desorientación y la falta de sentido de la vida. Urge salir del abismo, despejar las brumas, contemplar la claridad del cielo. No puede la humanidad continuar en tinieblas, agitada en luchas y odios, de ensayo doloroso en caída aflictiva”, afirmaba José M. Velasco I. en uno de sus libros: Servidumbre y Liberación.

La escarcha de los problemas sociales provienen de diferentes estamentos: religiones, territoriales, políticas,  razas, odios,  droga, consumismo, pobreza e ignorancia; bonanza de las turbulencias sociales que desembocan en guerras fratricidas que perduran por los siglos de los siglos.

El enervante espécimen de infracciones prolegómeno de nuevos delitos y  leyes, no solo son consecuencia de estos, sino de la imparable evolución de las ideas y el derecho,  el estatismo farragoso no existe. La aventura de la conquista, el coloniaje y el dominio tampoco no tienen límites, por lo que es posible afirmar que el homo no descansará en paz, mientras subsista la envidia, la soberbia, la prepotencia y la vanidad. El derecho penal, en materia de juzgamientos, camina por distintos andenes doctrinarios y de jurisprudencia, a veces ataca inmisericordemente contra la vida, en otras se torna previsible bajo el encantamiento de la palabra del ilustre jurista Francisco Carrara que afirma que más vale prevenir que castigar.

En  la última década, y desde luego desde más atrás, la implantación de orgiásticos eslabones de corrupción han ensombrecido la sociedad, sembrado la borrasca y el terror, desatando desvinculaciones atroces en la economía y psicosociales, la muerte lenta de los estados por los mega dislates  han causado un descalabro apocalíptico; una maldición gitana se teje sobre la tierra, la competencia, la sevicia y el irrespeto conflagrarán el planeta si no se los detiene a tiempo.

La nueva etapa histórica debe levantarse sobre la nueva cosmovisión de conspicuos hombres, de pensamiento claro, exacta, vigoroso, que acelere la marcha de una justicia distributiva, ensamblada a la libertad, hacia un bienestar integral universal, que debe acicalarse en la educación y la enseñanza.

Si no nos educamos saliendo del memorismo rutinario, frío, sin espíritu, sin fervor, sin  la reflexión sabia y la nutricia espiritual, seguiremos en el abismo y esperpento dantesco sin solución alguna.(O).

Modificado por última vez en Diciembre 11 2018

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