18 / 09 / 2019

Archivo Loja, Ecuador

Mons. Hugolino Cerasuolo Stacey

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Gran consternación ha causado el sensible fallecimiento de Mons. Hugolino Cerasuolo Stacey, Obispo Emérito de la Diócesis de Loja, de la que fue su pastor desde 1985 hasta 2007. El recordado Obispo nació en Guayaquil el 4 de abril de 1932 con el nombre bautismal de Félix Vicente. A la corta edad de 8 años recibió el llamado de Dios para el sacerdocio, viajando a Quito en 1940, con el fin de formarse en el Postulantado de la Orden Franciscana. En octubre de 1946 pasó al Noviciado y el 30 de julio de 1947 tomó el Hábito Franciscano, debiendo cambiar su nombre bautismal por el de “Fray Hugolino”, conforme a las constituciones de la Orden Franciscana. El 31 de julio de 1948 hizo sus votos temporales y el 7 de abril de 1952 sus votos perpetuos. El 29 de junio de 1954 recibió la Ordenación Sacerdotal, ejerciendo funciones administrativas, docentes y pastorales en Quito. En 1964 fue enviado a la Misión Franciscana de Galápagos, siendo su prefecto apostólico de 1966 a 1975. Recibió la Ordenación Episcopal el 6 de julio de 1975 para ser obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Guayaquil hasta 1985. El 29 de mayo de este mismo año asumió el Obispado de Loja y fue pastor de esta Diócesis durante 22 años.

Como IX obispo de la Diócesis de Loja nos dejó el siguiente legado: refundó el Seminario con el nombre de “Reina del Cisne”, dotándolo de nueva infraestructura; promovió las vocaciones sacerdotales, siendo ésta una de las Diócesis con mayor número de sacerdotes y parroquias eclesiásticas, en proporción al número de habitantes; trajo diversas comunidades religiosas de vida activa y contemplativa; promovió la organización de grupos apostólicos y ministerios laicales con diversidad de carismas;  creó el Instituto Pedagógico Ciudad de Loja para la formación de maestros; restauró la iglesia Catedral; renovó la infraestructura de la Casa Episcopal, de la Pastoral Social y de diversas parroquias eclesiásticas; hizo labor samaritana a través de programas de asistencia humanitaria desde la Pastoral Social. Loja tiene deudas pendientes de gratitud con sus obispos, así como con aquellos ciudadanos que la han servido sin reservas, desde una labor cívico-patriótica ejemplar. Los homenajes a través de monumentos, nombres de calles y otras iniciativas, deben brotar del corazón agradecido de los lojanos y no de intereses personales o políticos.(O).          

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