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El tongo de la corrupción

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Con cierta razón y hasta con una gran dosis de pesimismo se dice que todo acto público y privado está bajo la tenebrosa sombra de la corrupción. No importa cuánto esfuerzo hagamos la corrupción de forma directa o indirecta siempre terminará atacándonos, la única forma de sacarle provecho es formar parte de este terrible mal.

Bajo esta premisa muchos ciudadanos en lugar de ejecutar acciones para desterrarla se convierten en los más leales aliados y se unen al bando de los atracadores de aquellos que hablan de honestidad pero no la practican.

El secreto de la corrupción, el soborno, la complicidad y el compadrazgo es proponer prácticas honestas de la gestión pública pero actuar en dirección contraria.

Actualmente advierten del gran tongo, aquellos que propician severos actos de corrupción están seriamente comprometidos en otros acontecimientos quizá más deshonestos o más atroces que aquello que denuncian.

Entonces la acción equilibrada del juzgamiento marca distancia porque los denunciantes, los juzgadores, los acusados y los acusadores están envueltos en el tongo de la corrupción.

Es evidente que la  anticorrupción es una  palabra que intenta cubrir el oscuro panorama de la mala práctica de quienes abusan de los fondos públicos e inútilmente intentan colocarse la investidura de la honestidad.

Como ciudadanos debemos demandar la permanente rendición de cuentas aquella que va más allá de lo dispuesto por un empantanado Consejo de Participación Ciudadana.(O).

 

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