20 / 11 / 2019

Archivo Loja, Ecuador

Greta, la inoportuna

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El otro día andaba en una reunión de amigos y recordé lo que significa ser una mujer rodeada de hombres. No es que lo haya olvidado, es que lo sentí más que nunca. Comentaba cómo iba la preparación de la Marcha por el Clima en Loja y sentí esa subestimación propia de los machos. “Siempre andas metida en esas cosas”, dijeron. Y sin ánimos de victimizarme, porque eso también cansa, vino a mi mente todas esas veces que nos critican por involucrarnos.

No basta que nos observen por el peso, la estatura y la forma de vestir. También les resulta inaceptable que nos impliquemos. Camino a casa, pensé en todas esas mujeres del mundo que se esfuerzan por ser escuchadas y tomadas en cuenta, y tan solo reciben insultos y burlas.

Quién sabe cuándo es el momento de decir ahora. Si todo alrededor te está gritando: ¡sin demora! canta un uruguayo acompañado de su guitarra. En la misma canción, dice: quien no lo sepa ya, lo aprenderá de prisa: la vida no para, no espera, no avisa. Tantos planes vueltos espuma. Tú por ejemplo tan a tiempo y tan inoportuna. Y resulta que ser inoportuna en esta época es la verdadera revolución.

 Sospecho que, existiendo las redes sociales, aunque el lector tenga 15 o 50 años, sabrá quién es Greta Thunberg. Seguro vio los memes cargados de ironía. Seguro leyó las acusaciones de esa teatralización insoportable por la justicia climática. Una sobreactuación evidente según algunos tuiteros.

 Y justamente ellos, los que escriben en Twitter en vez de trabajar, dicen que Greta sobreactúa. “Suficiente para embobar a muchas almas esnobistas y guiarlas hacia la nueva religión de los incautos: el ambientalismo patético”, escribió un asambleísta. Cada vez que el mundo ve a una Greta alzando la voz, el resultado es espeluznante. Gente insultando y sacando a relucir su misoginia, machismo y xenofobia, como si insultar a los que piensan diferente fuese una competencia.

 Greta Thumberg, así como Malala y Marley Díaz, han despertado la violenta efervescencia social. Se han convertido en esos símbolos que te fastidian porque tienen razón. Sabemos que no se puede tomar fielmente las redes sociales, pero lo que se escribe ahí, dice algo sobre las maneras en que las corrientes se representan en público.

 Greta te está diciendo, con lágrimas en sus ojos, que estamos sufriendo. Que estamos muriendo. Que los ecosistemas se están derrumbando y vivimos el comienzo de una extinción masiva. Tal vez algunos aplauden la misoginia compartida con distintos niveles de perspicacia porque en el fondo les incomoda saber que es verdad lo que Greta dice y no estamos haciendo nada por repararlo.  

 Nada de lo que se escriba sobre la huelga climática que inició Greta Thunberg alcanza para entender su magnitud. No nos queda otra que salir de las redes para asimilarlo. No nos queda más que actuar, así sea inoportuno para algunos.(O).

 

 

 

 

 

 

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