29 / 01 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

Siempre al asecho

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El abuso de autoridad se siente a cada instante, a pesar de la proclamación de los derechos de igualdad, simplemente quien ostenta el poder se siente con la potestad de abusar del más débil.

En el ámbito laboral el atropello es común, ser un empleado de trayectoria, es decir tener antigüedad en la empresa parece que fuera un delito, los directivos o los ostentosos del poder para librarse de pagar liquidaciones se empeñan en acosarlo, afectar psicológicamente para lograr que se vaya a su casa y librarse de cancelar la liquidación que por justicia le corresponde.

Para muchos ciudadanos acudir a su puesto de trabajo en el día a día se convirtió en un verdadero martirio porque conoce de las múltiples formas de acoso que le hacen imposible cumplir con la carga laboral.

Entre las agresiones que recibe el trabajador que se convirtió en candidato para ser separado de sus funciones está la sobrecarga de tareas, los insultos, los injustificados llamados de atención, el abrupto cambio de funciones y las acciones calumniosas son las armas del gran  ataque contra el desventajado empleado.

Los hechos que se producen en el conflicto laboral surgen de parte del jefe y de los adulones que orquestan todo el infierno que los empleados de trayectoria sufren, en lugar de recibir reconocimientos o al menos permitirles ejecutar su desempeño laboral conforme lo determina la ley son víctimas de atroces atropellos de aquellos que llegan tarde y pretenden entrar por la ventana para dirigir los más altos cargos.

Hace falta que los organismos competentes como el Ministerio de Trabajo haga efectivos controles, revise prolijamente el ambiente de trabajo, las cargas laborales, los principios de reserva profesional, entre otros factores que conforman el componente del ejercicio laboral.

Los tibios operativos del organismo de control resultan irrisorios porque el abuso está frente a ellos y no lo ven. Sin reparo proclaman firmas de convenios para fomentar el empleo con la empresa privada, mas el atropello continúa imparable porque las firmas de compromiso protocolarios no pueden ocultar la oscura sombra del acoso laboral que se entreteje en los sectores en los cuales nadie interviene.

Abusar de quien depende de su trajinar bajo el concepto de una dependencia laboral es el secreto a voces que continúa lacerando los corazones de aquellos que a pesar de aportar positivamente con el desarrollo empresarial hoy es víctima de múltiples vulneraciones.

Los controles rutinarios jamás darán resultados, porque la ayuda debería ir más allá del protocolo de llenar una ficha y nada más.

Es preciso que el Ministerio de Trabajo levante alertas de control cuando se reportan renuncias de empleados antiguos, cuando se registran despidos masivos, cuando existen liquidaciones sucesivas y cuando aparecen cambios de funciones o quejas por acoso laboral.

Es necesario que los organismos competentes se aparten de la acción rutinaria y se comprometan con principios que generen resultados eficientes para disminuir la temerosa acción del acoso laboral.(O).

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