29 / 01 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

El rezago tecnológico de America Latina

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El escritor ilustre, pensador profundo e innovador Oppenheimer Andrés, ocupa un lugar único en la prensa de las Américas y del mundo, sus trabajos periodísticos, fijan la agenda del debate político, y leer sus libros es un bálsamo, porque sacude nuestro provincialismo sin desanimarnos.

Lo más importante para incentivar la innovación, expresa Wad Hwa, que contar con una masa crítica de mentes creativas respaldadas por buenos sistemas educativos y que había constatado un potencial enorme de talento creativo en Ciudad de México, San Pablo, Buenos Aires, Bogotá, Santiago de Chile y varias ciudades Latinoamericanas, en las cuales existen cónclaves de artistas, inventores y emprendedores, lo que antes se llamaba “barrios bohemios”, que tienen mucha similitud y en común con la “mentalidad de California”; pero para que surjan empresas tecnológicas, es menester un positivo clima de negocios, sin una burocracia infernal y la no corrupción; además abolir la tramitología, como se estima actualmente, en Venezuela 17 trámites legales, en Argentina 14 o Brasil y Colombia con 13 (en Ecuador perdí la cuenta, lo afirmo).

Es muy difícil, casi imposible crear una empresa de alto riesgo comercial como lo son las de alta tecnología, donde existe la falta de seguridad jurídica, leyes claras, ocasionando a una empresa un ostracismo y ruina económica; el economista Richard Florida de la Universidad de Toronto, en su libro “El acceso de la clave creativa”, esgrima la teoría de que en el futuro la empresa no atrae a las mentes creativas, sino al contrario, las concentraciones de mentes creativas atraen a las empresas, noticia muy favorable para América, por ser una región que posee a su favor varias ciudades con gran dinamismo, que sirve como un imán para lograr convertirse en centros de innovación.

La creatividad es un proceso social, a más avances grandes de la gente de quienes aprendemos, con la que competimos y con quien colaboramos; la Atenas de los clásicos, la Florencia del Renacimiento, la Viena y el París de fines del siglo XIX, la Nueva York, después de la Segunda Guerra Mundial, sin excepción, experimentaron un elevado florecimiento de gran genialidad en varios aspectos, debido a la diversidad de su población, sus nutridas redes sociales, sus espacios, con reuniones espontáneas y cambio de ideas para generar y plasmar ideas nuevas; esto es factible controlando los medios de producción y capital de riesgo.

A pesar de que en Latinoamérica las Universidades de Buenos Aires, Ciudad de México o Sao Paulo, no son las mejores del mundo, existen ciudades vibrantes, con gente creativa, que son lugares propicios para la innovación, aquellos donde florecen las artes, nuevas expresiones musicales, donde hay buena cocina, y a más de buenas universidades que transforman la creatividad en innovación; los ecosistemas que permiten la innovación son los que ofrecen una constante combinación y recombinación de la gente; los lugares donde florece la innovación son los que “glorifican el talento, más que el dinero”.(O).

 

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