18 / 02 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

El lado oculto de la caridad

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Ser caricativo es una muestra de profundo humanismo, ayudar al necesitado es la característica de fortalecer a la víctima del infortunio.

Además aquel que presta auxilio siente quizá más gozo que la persona que recibe. Ese es un precepto bíblico que señala “es mejor dar que recibir”.

Sin embargo en el ejercicio de la caridad surge también el macabro aprovechamiento de obtener recurso solamente fingiendo necesidad.

Ganar recursos inspirando lástima en el entorno ocasiona que muchos vulneren los derechos de los niños y ancianos porque son forzados a salir a las calles para implorar la piedad de los demás y convertirlas en monedas que sumadas a lo largo de los días, los meses y los años se convierten en jugosas cantidades de dinero.

Sacarle provecho al sentimiento  de solidaridad de los demás es la típica forma de obtener dinero que se transforma en el lucro  más apeticido de aquellos que imponentes utilizan a los infantes, personas con discapacidad, mujeres embarazadas y ancianos.

Ante las atractivas ventajas del oscuro negocio de pedir caridad se une la explotación, la trata de personas y el maltrato de  quienes no pueden defender su primordial derecho que es la dignidad como ser humano.

Los organismos de control admiten que en Loja existe el tétrico panorama de pedir caridad en las calles, a pesar de la alarmante problemática solo se quedan en la protocolaria etapa de concienciación.

No mueven un solo dedo para investigar y sancionar a los maquinadores de las redes que tejen el lucrativo suceso de pedir caridad.

A este acontecimiento se suma la carente falta de colaboración ciudadana que continúa dando limosnas como tratando de resolver el problema de extrema pobreza que intentan mostrar muchos seres humanos.

Es indudable que la práctica de la caridad juega varias aristas de aprovechamiento, por una parte, los políticos que siempre le apuestan a la conquista electoral fingen con sus dádivas tener interés por los más  desprotegidos y dan caridad, eso si asegurándose que les tomen la fotografía en el justo momento de la dadivosa entrega, de esta forma la caridad es la anticipada inversión electorera, este hecho es aprovechado por quienes se organizan para obtener al menos por temporada los superficiales beneficios de los politiqueros.

La Navidad es una temporada propicia para ensanchar el negocio de los pedigüeños y de los dadivosos.

Estos acontecimientos se producen sin control porque la acción de la caridad hoy más que nunca es la industria sin control que deja provechosas ventajas.

La red de los pidichos se acabará cuando se terminen los caricativos irreflexivos que entregan donaciones a quienes no necesitan y a quienes otorgan ayudas porque piensan en las próximas elecciones.(O).

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