09 / 04 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

Recorriendo Nangaritza

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Hastiados del ambiente urbano, el grupo de amigos “Los Aventureros”, resolvimos recorrer el cantón Nangaritza. Eran las 05h00 del 1 de febrero del presente año, cuando Panchito prendía el motor de un  vitara blanco, dispuesto a recorrer 196 km aproximadamente, en compañía de cuatro aventureros: Angélica, Gladys, Miguel Ángel y Miguel, todos sedientos por conocer el “valle de las plantas venenosas”.

Una carretera zigzagueante en regular estado nos permitió arribar a las 09h00, a “Cabañas Yankuam”, donde disfrutamos de un exquisito desayuno, mientras formulábamos interrogantes sobre la arrogante selva y el rio desconocido. Tienen cinco  minutos para cambiarse de ropa, dijo el guía, e inmediatamente nos embarcamos en una canoa lo suficiente fuerte para vencer la fuerza de las olas del rio Nangaritza. Navegamos una hora, observando el majestuoso rio, la flora exuberante, las maravillosas aves y el cautivante paisaje.

Inesperadamente la canoa es conducida a la orilla del rio, la arena detiene su marcha y el guía Carlos Gálvez ordena bajarse cuidadosamente. La marcha empieza atravesando la comunidad Shaime para visitar “El Laberinto de las mii ilusiones”; el camino es inhóspito por el lodazal profundo, y los palos ubicados en el piso son resbalosos como el jabón; cualquier palito sirve de bastón, y si no nos aseguramos, los glúteos dejarán su molde. Dos Aventureros después de 40 minutos, creyeron prudente detener la marcha y evitar que sus nalgas  besen la suave y fecunda tierra.

La Cueva de los Tayos es una incógnita. Nadie tiene una respuesta verdadera, aunque existen varias teorías; su profundidad es de 200 metros, los polluelos llamados Tayos no aparecieron a las 14h00, pero la belleza de la cueva es impresionante. Vale la pena visitar éste prodigio.

Maravillosas cascadas y pequeños centros poblados quedaron sin visitar. Pero nos reímos, cuando nos contaron la siguiente anécdota: Como culminación de la última campaña política de Rafael Correa, creo una parroquia con el nombre de Nuevo Paraíso, y ahí cerró la campaña luego de “picotearse” con Salvador Quispe; para sorpresa de todos, al día siguiente el ilustre visitante perdió lejos las elecciones en la naciente parroquia, paraíso ecológico del Ecuador.

El retorno fue doloroso porque no escucharemos el canto de la selva ni el  coro de las aves; nos faltará el calor agobiante del medio día; y, vamos a extrañar la manigua porque de ella salen los gritos de los pájaros, zumban los insectos y pican los mosquitos. Todo es diferente, es bello y es muy nuestro. Vamos al paraíso ecológico del Ecuador.

 

 

 

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