29 / 03 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

Débiles por voluntad propia

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La reciente marcha convocada por algunos movimientos sociales en nuestro país, con éxito o no, trajo a mi mente un brillante reportaje transmitido por un canal de televisión pagada acerca del sindicalismo magisterial en la nación mexicana, basado en un minucioso trabajo investigativo sobre la situación de la educación pública en ese país, la cual, en opinión del autor, no goza de buena salud por circunstancias relacionadas con el poderosísimo Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, reconocido no solamente porque es el más grande a nivel educativo y por número en América Latina, sino por las mediáticas denuncias ahora ya comprobadas de actos corruptos que han llevado a la detención de su ex presidenta.


Este personaje muy popular en el país azteca por sus excentricidades y lujos desmedidos, ocupando un no muy honroso lugar entre las diez personas más corruptas del mundo en la clasificación de la revista FORBES, estuvo ligada de una u otra forma al sindicalismo magisterial por, aproximadamente, 43 años hasta su detención en el 2013, habiendo visto pasar un sinnúmero de jefes de Estado con quienes, consecuentemente, le correspondió negociar en su momento los intereses de los, aproximadamente, millón y medio de maestros con que cuenta el sindicato que dirigió, organización en la que, según se dice en base a influencias, podía comprarse o heredarse cualquier puesto en el magisterio.

El preámbulo escogido para este artículo no hace sino comprobar el problema en que se convierten los movimientos sociales con dirigentes perennizados en sus cargos, quienes con el pasar de los años y administraciones se convierten en la piedra de tope de las aspiraciones de sus miembros, algo que guardando las distancias con el enorme ejemplo mexicano, en nuestro país ha conspirado para lograr los objetivos que, seguramente, en un principio motivó el nacimiento de las organizaciones sea del tipo que fuere.

La existencia de muchos de estos organismos dispersos sin una ideología común, las desgastadas figuras que no han dado paso a una nueva generación de dirigentes y los casos de líderes de alquiler, han minado la voluntad de la gente “de base”, a la que poco les convence los discursos reiterativos y con escaso fundamento, en razón de que los actuales trabajadores acorde a los tiempos modernos tienen un mayor acceso a la información y, consecuentemente, un mejor conocimiento de las circunstancias que los rodea, lo que les permite discernir y contar con sus propias opiniones.

En el debilitamiento de estas organizaciones han tenido mucho que ver estos escenarios, por ello no llama la atención que en estos momentos poco se escuche de ellas y hayan sido casi condenadas a la desaparición, lo que, sin embargo, no les resta su derecho constitucional a movilizarse, algo que los actuales gobernantes no les pueden negar, ya que al fin y al cabo la salud del cual hace gala el uno no es comparable ni de lejos con la moribunda situación del otro.

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