01 / 04 / 2020

Archivo Loja, Ecuador

Terminar un libro

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Dicen que las líneas finales de los libros son mucho menos famosas que las que los inician. Y puede que sea verdad, hay principios y entradas muy recordados, pero los finales no cuentan tanto en las listas.

Quizá sea porque iniciamos muchos más libros que los que terminamos, o porque el final no nos trae tantos recuerdos como lo que nos provocó empezar a leer.
Dicen que el final, para un escritor, es el momento de mayor sinceridad, porque no tiene ninguna responsabilidad para con el lector, porque ya no hay necesidad de enganchar, convencer o disimular, porque ya no existe la preocupación de lo que vendrá después. También puede que sea el momento más complicado, porque ha llegado el tiempo de poner la última frase, la que cierra el ciclo, la que pone fin a la aventura, la que nos dice un epílogo o la que abre un nuevo camino en la historia, uno que el lector imaginará y se adentrará en el con su imaginación, pero para el escritor, todo termina ahí.
Podemos encontrar listas de frases finales de libros famosos, pero no importa, no nos dirán nada sobre la historia, sobre sus personajes o sobre el desenlace. Uno necesita mucho más análisis sobre el contexto e información asimilada para entender un final, o al menos, intentar hacerlo.
El final resulta, para el lector, la llegada a la meta, la conclusión del camino largo que el escritor le ha hecho recorrer, a través de líneas argumentales, personajes, sucesos, acciones, mundos, universos y fantasías. Por eso, el final puede ser comparado con la leyenda de la olla de oro al final del arco iris. El escritor, en ese momento, tiene toda la libertad de darle al lector lo que siempre deseó, o por otra parte, enseñarle algo diferente, dejarlo con intriga o decepcionarlo en absoluto. En ese sentido, el escritor es dueño de las condiciones, de la realidad y de la forma en que sorprende a la persona que ha caminado junto a él en todo el proceso.
No es nada fácil y puede que demore mucho más que otras partes del libro, pero un buen final deja al lector con la sensación de haber aprendido algo nuevo, de haberse encontrado a sí mismo y de haber experimentado esa conexión especial con el escritor.
El final puede sustentar con toda la fuerza posible la idea que se nos quiere transmitir, como las últimas líneas de Rebelión en la granja, de George Orwell (1945):
“Los animales, asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo, y nuevamente, del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro”.

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